Con gran ahínco y fervorosa devoción tuvo lugar la celebración de la Misa del Divino Salvador del Mundo en su tercera edición en la iglesia de San Salvador en Colton. Esta es una emotiva festividad que reúne a los feligreses de la Diócesis de San Bernardino para honrar a la comunidad salvadoreña.
Esta se ha convertido en toda una tradición en nuestra comunidad y tiene un gran simbolismo, ya que en ella se honra al Divino Salvador del Mundo, quien es el santo patrón del país y es una figura profundamente significativa en El Salvador, tanto desde el punto de vista religioso como cultural y nacional. De hecho, su importancia es tan grande que el país lleva su nombre en honor a Jesucristo bajo esta advocación.
Para la ocasión se celebró una misa presidida por el obispo Alberto Rojas, quien se mostró muy contento de celebrar este día y de manera especial en esta comunidad que no podría tener un mejor vínculo como parroquia que el mismísimo Divino Salvador.
Durante su homilía habló sobre la manera en que apreciamos las imágenes hoy en día, haciéndose la pregunta: ¿cuál es la imagen de Dios?, aseverando que aunque él nos creó a su imagen y semejanza, “Dios no tiene una imagen, Dios es un espíritu” y se encuentra en cada ser humano. De manera especial, también habló sobre el mensaje de salvación, afirmando que “todo lo podemos ver a través de la Biblia, desde el principio, cuando Dios fue guiando a su pueblo a través de los profetas.” Siempre ha habido un guía, desde la creación del mundo hasta hoy.” Resaltó que la Iglesia ha continuado fielmente con esta misión de salvación durante más de dos mil años, y finalmente instó a todos los fieles a continuar con la tarea de escuchar al Divino Salvador.
Esta conmemoración, el Divino Salvador del Mundo, representó un momento de salvación y una luz de esperanza y fe en medio de las dificultades sociales, económicas y políticas que enfrenta actualmente nuestro país. Las cuales han afectado directamente a cientos de salvadoreños, tanto dentro como fuera del territorio nacional, y gracias a este festejo eucarístico, muchos de ellos se unieron para respaldar este símbolo de unidad nacional y espiritual, fortaleciendo así los lazos que nos identifican como pueblo.