Por Sandra Perez-Ramirez
Con motivo del Mes de la Herencia Hispana, la Iglesia celebra la riqueza cultural y espiritual que las comunidades hispanas aportan a la vida parroquial. Por medio de los coros, los mariachis y los cantos tradicionales, la música enlaza la fe con las raíces de nuestros pueblos y demuestra que la diversidad cultural hispana es un valioso don para toda la Iglesia.
Un encuentro entre el cielo y la tierra
Para Joseph David Greene, director de coro y organista de la Diócesis de San Bernardino y de la Catedral de Nuestra Señora del Rosario, servir a Dios mediante la música significa unir la belleza de la fe con la belleza de los sonidos.
“La Liturgia es la parte más extraordinaria de nuestra vida, porque en ella el cielo y la tierra se encuentran cuando Dios mismo viene a habitar con nosotros y en nosotros”, expresó Greene.
Durante la Santa Misa, explicó, los fieles son llevados espiritualmente al pie de la Cruz, donde Cristo se ofrece al Padre por nuestra salvación. Comprender la grandeza de este misterio puede transformar la manera en que las personas participan en la Liturgia.
“Cuando la música refleja la sacralidad de la Misa, la gloria de Dios, el dolor por nuestros pecados y la alegría de su amor puede conmover nuestros corazones y conducirnos a una intimidad más profunda con Él en la oración,” señaló.
Una herencia musical viva
Desde los comienzos de la fe en el continente americano, la cultura hispana ha conservado una herencia musical rica y vibrante.
Greene señaló que, durante los periodos del Renacimiento y el Barroco, la Iglesia en México formó coros de cantores indígenas capaces de interpretar canto gregoriano y polifonía sacra a un nivel comparable con el de las grandes catedrales españolas. Esta música embelleció las celebraciones litúrgicas y sirvió como instrumento de evangelización.
Esa herencia continúa viva en las comunidades hispanas de la Diócesis de San Bernardino, donde numerosos coros ofrecen con entusiasmo sus voces y talentos para alabar a Dios.
“Me sorprende la energía con la que las congregaciones hispanas se unen al canto durante la Misa,” afirmó Greene.
Las procesiones y otras expresiones religiosas también fortalecen la devoción y ayudan a transmitir la fe de una generación a otra. Un ejemplo significativo son las celebraciones en honor a Nuestra Señora de Guadalupe, durante las cuales los mariachis ofrecen su música a la Virgen.
“Cuando los mariachis tocan y cantan para Nuestra Señora de Guadalupe, es una forma bellísima de honrar a Nuestra Madre, ofreciéndole el talento artístico del pueblo al que ella se apareció,” agregó.
Ofrecer a Dios lo mejor
A las familias hispanas y a los jóvenes que desean servir a Dios por medio de la música, Greene los animó a unir su entusiasmo por la fe con la búsqueda de la excelencia musical y litúrgica.
“Dios conoce nuestros corazones y se complace incluso en nuestros esfuerzos más pequeños, pero debemos procurar ofrecer a Nuestro Señor y Rey lo mejor de nosotros mismos,” expresó.
Greene recomendó desarrollar una técnica vocal o instrumental saludable, escuchar a grandes coros y buscar maestros que ayuden a los músicos a crecer. También subrayó que la preparación artística debe estar acompañada de una sólida formación litúrgica.
Entre los documentos que recomienda estudiar se encuentran Musicam Sacram y Sacrosanctum Concilium. Este último enseña que la música sacra no es simplemente una decoración de la Misa, sino que “constituye una parte necesaria o integral de la Liturgia solemne.”
Para quienes han recibido el don de cantar o tocar un instrumento, ofrecer sus talentos a Dios representa una gran responsabilidad y un privilegio.
“Esforcémonos, con la ayuda de su gracia, por ofrecer siempre nuestros mejores esfuerzos para la gloria de Dios y la santificación de su pueblo,” concluyó Greene.