La diócesis se unió a la comunidad parroquial de Nuestra Señora de Guadalupe en San Bernardino para celebrar con alegría su 100.º aniversario, un acontecimiento histórico que unió memoria, fe y compromiso comunitario tras un siglo de vida marcado por la dedicación, el amor y la entrega de sacerdotes, obispos, laicos y generaciones de fieles.
La celebración contó con la presencia del arzobispo Alejandro Arellano Cedillo, quien fungió como celebrante principal. En el altar lo acompañaron el obispo Alberto Rojas, el obispo emérito Gerald Barnes, así como numerosos sacerdotes concelebrantes, entre ellos el párroco Francisco Varela.
Asimismo, asistieron líderes políticos locales, estatales y federales para felicitar a la parroquia por este importante logro centenario. Antes de la Misa, el obispo Rojas bendijo un cáliz histórico que ha acompañado a la parroquia desde su fundación en 1926, signo vivo de la continuidad de la fe y del caminar comunitario a través de las generaciones.
En el marco del centenario, la homilía fue pronunciada por el arzobispo Arellano Cedillo, quien destacó el llamado a vivir el Evangelio como un testimonio activo dentro de la comunidad. Su mensaje subrayó que la verdadera grandeza de la Iglesia no reside en su arquitectura, sino en su gente: una comunidad de “piedras vivas” que, con amor y servicio, ha construido un santuario de esperanza a lo largo del tiempo.
Durante la celebración se agradeció la presencia de obispos y monseñores, en especial a Javier Varela y José Reyes, reconociendo su cercanía e invitando a seguir fortaleciendo la fe en comunidad. Asimismo, se recordó con gratitud el legado de sacerdotes como Eliseo y Francisco, así como la labor incansable de innumerables feligreses que han sido fermento de una Iglesia viva y comprometida.
Se resaltó también la Eucaristía como acción de gracias y como extensión del corazón de Cristo, invitando a vivir una fe auténtica, compartida y comprometida. En este contexto, Enrique Amezcua recordó que amar significa caminar al frente del pueblo, guiando con ejemplo, cercanía y compasión.
Finalmente, se hizo un llamado a continuar construyendo una comunidad que sea faro de luz, amor y esperanza, recordando que el mundo necesita pastores santos y fieles que anuncien con su vida el mensaje de Cristo.
Los distintos ministerios y grupos parroquiales tuvieron una participación fundamental en la celebración del centenario, reflejando el compromiso y la dedicación que han mantenido a lo largo de los años en la vida de la comunidad. Desde los ujieres, coros y grupos de oración, hasta los ministerios juveniles, catequistas y voluntarios, cada uno contribuyó con entusiasmo, servicio y espíritu de unidad para hacer de esta celebración un momento especial. Su labor constante no solo fortalece la vida parroquial, sino que también mantiene viva la fe y las tradiciones que han acompañado a generaciones de familias en Nuestra Señora de Guadalupe.
A lo largo de estos 100 años, la parroquia ha sido escenario de innumerables bautizos, primeras comuniones, confirmaciones, matrimonios y celebraciones familiares que han marcado la vida espiritual de miles de personas. Para muchas familias, Nuestra Señora de Guadalupe no es solamente un templo, sino un hogar espiritual donde generaciones enteras han crecido en la fe y encontrado consuelo, esperanza y sentido de comunidad.
La celebración del centenario dejó un mensaje de gratitud y esperanza hacia el futuro, reconociendo el esfuerzo de todos aquellos que, con fe y servicio, han contribuido a mantener viva esta histórica comunidad parroquial durante un siglo.
Voces de fe a lo largo de 100 años
A lo largo de estos 100 años, la iglesia de Nuestra Señora de Guadalupe ha sido testigo de innumerables historias de fe, esperanza y comunidad. Generaciones enteras han encontrado en este templo un lugar de encuentro espiritual, celebración y fortaleza en los momentos más importantes de sus vidas. En el marco de esta celebración centenaria, miembros de la comunidad compartieron sus recuerdos, experiencias y el significado que esta iglesia ha tenido en sus vidas y en la historia de sus familias.
Los ujieres son, para muchos feligreses y visitantes, el primer rostro de bienvenida al llegar a la iglesia. Con amabilidad, respeto y espíritu de servicio, ayudan a crear un ambiente acogedor y ordenado durante las celebraciones litúrgicas. Además de apoyar con el acomodo de las personas y el ofertorio, también están atentos a las necesidades de la comunidad, ofreciendo ayuda y orientación con serenidad y compasión.
En la iglesia de Nuestra Señora de Guadalupe se celebran importantes sacramentos como el Bautismo, la Primera Comunión, la Confirmación y el Matrimonio, convirtiéndose en una tradición familiar que ha acompañado a generaciones enteras de la comunidad.

“Nos sentimos privilegiados de servir a nuestra iglesia. Nuestra fe nos une y ha sido una gran bendición para nuestra familia, permitiéndonos crecer juntos y fortalecer nuestro compromiso con la comunidad.”
— Líderes de Ujieres Damian Rios y Georgina Ramirez

“Esta iglesia es nuestra casa; aquí hemos recibido innumerables bendiciones y es un honor formar parte de su historia y celebrar estos 100 años de fe y comunidad.”
— Familia Lomas Pelayo

“Estamos felices de celebrar con nuestra iglesia y ser parte de este momento histórico”
Los jóvenes ujieres son una parte fundamental de la comunidad parroquial, ya que con su entusiasmo, servicio y amabilidad ayudan a que todos se sientan bienvenidos en la iglesia.

“Felices de celebrar junto a nuestra iglesia este histórico centenario ”
— Esther Ramírez, Félix Llano y María Jáuregui