Por Sandra Perez-Ramirez
En la actualidad, millones de personas se ven obligadas a dejar sus hogares por razones económicas, sociales o políticas. Frente a esta realidad, la comunidad eclesiástica se convierte en una luz de esperanza y hospitalidad. Más que una labor pastoral, esta es una expresión concreta del Evangelio que nos llama a extender nuestra solidaridad con amor, dignidad y respeto, reconociendo en cada persona el rostro de Cristo.
La Diócesis de San Bernardino camina del lado de su comunidad, estrechando lazos y uniendo esfuerzos en pro de sus feligreses. Sus parroquias acompañan a los migrantes ofreciendo apoyo emocional, espiritual y práctico según sus necesidades.
Recientemente, el obispo Alberto Rojas emitió un decreto que dispone: “Todos los miembros de los fieles que, debido a un temor genuino a acciones de control migratorio, no puedan asistir a la Misa dominical o a las Misas en días de precepto, están dispensados de esta obligación, según lo dispuesto en el Canon 1247, hasta que este decreto sea revocado o modificado.”
El decreto recomienda prácticas espirituales alternativas, como la oración personal, la lectura de la Sagrada Escritura y el Rosario, con el apoyo de las parroquias en estos esfuerzos. Estas medidas surgen en respuesta a los momentos complicados generados por las políticas migratorias, que han afectado la estabilidad emocional, familiar y espiritual de nuestra comunidad.
Por eso es fundamental unir esfuerzos. A continuación, te compartimos algunas ideas para poner la fe en acción y ofrecer apoyo en estos tiempos, donde la solidaridad es más necesaria que nunca.
1. Orar por los migrantes
Dedicar unos minutos al día a orar por su seguridad y bienestar. Asimismo, organizar vigilias, cadenas de oración o incluir intenciones especiales en la misa.
2. Informarse y educar a otros
Participar en talleres y programas educativos permite comprender los desafíos de los migrantes. Compartir información veraz para prevenir la desinformación.
3. Abogar por políticas migratorias justas
Escribir, si es posible, a representantes locales y participar en campañas por la unidad familiar y la protección de derechos humanos para ayudar a fortalecer la voz de la comunidad de fe.
5. Ofrecer ayuda a la comunidad migrante
Involúcrate en parroquias y organizaciones que asisten a migrantes, ayudando con alimentos, ropa, útiles escolares y otras necesidades esenciales.
6. Promover acciones de preparación y prevención
Compartir recursos y promover actividades de prevención, apoyando los talleres que se realizan en las parroquias y en las oficinas aliadas con la iglesia católica.
La ayuda a los migrantes es un llamado directo de la fe católica. Cada acción cuenta: oración, apoyo material, apoyo o defensa de derechos. Los inmigrantes son parte esencial del pueblo de Dios, y como comunidad eclesiástica tenemos la responsabilidad de caminar junto a ellos, escuchar sus historias, aliviar sus cargas y celebrar su fe.
Invitamos a todos a abrir sus puertas y corazones, para que juntos superemos la adversidad y sigamos fortaleciendo nuestra fe católica.